TERESA DE VINCENZO
EL UNIVERSAL
En materia de libertad de expresión, la CIDH y la Relatoría
identificaron tres áreas de especial atención en
el país: amenazas contra comunicadores sociales, existencia
de proyectos de ley que de aplicarse podrían afectar
el ejercicio de ese derecho y la iniciación de procesos
administrativos (por parte de Conatel y el Ministerio de Infraestructura)
relacionados con el contenido de la programación de medios
de comunicación.
Sostiene el informe que los actos de hostigamiento contra
comunicadores afectan principalmente a aquellos que trabajan
en la calle, que ha habido una falta de investigación
en relación con dichas amenazas y que los procedimientos
legales se han aplicado a través de una legislación
que es contraria al sistema interamericano.
La Comisión asegura que ¿ha podido constatar el carácter
tendencioso de algunos medios de comunicación en Venezuela,
reflejo de la extrema polarización del país¿, y
respecto a eso, mencionó haber observado ¿con preocupación
la escasa, o en ciertos momentos nula, información en
que se encontró la sociedad venezolana en los días
de la crisis institucional de abril pasado¿.
El texto apunta a que ¿aunque puedan existir múltiples
justificaciones para explicar esta falta de información,
en la medida en que haya resultado de decisiones editoriales
motivadas por razones políticas, ello debe ser objeto
de un indispensable proceso de reflexión por parte de
los medios venezolanos acerca de su rol en tal momento¿.
El informe nombra a los comunicadores y medios objetos de
agresiones físicas y destaca el incumplimiento por parte
del Estado de medidas provisionales y cautelares solicitadas
para algunos periodistas.
Las recomendaciones de la CIDH, en virtud de las anteriores
consideraciones, son muy específicas, e incluyen: adoptar
de manera urgente medidas a fin de que cesen los ataques contra
periodistas, camarógrafos y fotógrafos, políticos
de oposición y defensores de derechos humanos; realizar
investigaciones serias, imparciales y efectivas del asesinato,
ataques e intimidaciones a trabajadores de la comunicación;
que el Gobierno condene los ataques a la prensa para prevenir
acciones que fomenten estos crímenes y promover la derogación
de leyes que consagren la figura del desacato.