En la Colonia Tovar transitaban muchos turistas, a pesar de
que antes de las 9 de la mañana ya se habían ido un
buen número de vacacionistas que se quedaron durante el
fin de semana, tal vez para evitar la terrible cola que se formó
después de las 5 de la tarde, sin tener un solo funcionario
que vigilara el trayecto entre la Colonia y El Junquito.
A pesar de que los jokilis no estaban por las calles, los
visitantes tenían que estar muy pendientes de las bromas
y jugarretas de un grupo de jóvenes _26 en total_ que
disfrazados de gorilas corrían detrás de los más
despistados.
Larga tradición
Uno de los gorilas comentó que "es una tradición
que viene desde los años sesenta, posiblemente
un grupo de jóvenes hicieron una comparsa para
el carnaval y terminó quedando como una tradición;
ahora somos pocos pues antes estaban Tarzán, los
indios, los cazadores y los gorilas".
A diferencia de los jokilis, los gorilas son nada
más que hombres, tienen que ser del pueblo y
los trajes se los hacen ellos. Agarramos una braga
o pantalón con camisa _lo que sea más cómodo_
y se le cose musgo traído de la montaña,
"todos los carnavales tenemos que hacerlos, comentaron
los gorilas, porque con los juegos y los revolcones
se va dañando, a veces tenemos que remendarlo
a mitad de las fiestas, según lo que pase".
Muchos de ellos temen que la tradición se
vaya a perder, "se nos hace difícil conseguir
las máscaras como las originales que teníamos,
tal vez por el dólar no las traen y lo que
se consigue es algo de muy mala calidad porque es
plástico muy sencillo", acotó un gorila
desde el capó de un carro.
Vendedores y vecinos de la Colonia comentaron
que ahora los gorilas están domesticados,
"pues años atrás hacían unas locuras
que nos daban miedo que les pudiera pasar algo,
se montaban por los techos, subían las escaleras
del cementerio con motos".
En lo que todos _gorilas, vecinos y vendedores_
coinciden es en que "el pueblo es sano, los
juegos son para alegrar y no para agredir y
así lo mantendremos".