KELVY PIRELA
ENVIADO ESPECIAL/EL UNIVERSAL
Maracaibo. La selección nacional de
fútbol continúa haciendo historia en las eliminatorias
suramericanas para el Mundial de Fútbol 2006. En esta ocasión,
quizá con un poco de ayuda divina, venció por 2-1
a Bolivia cuando todo parecía perdido.
José Manuel Rey y Juan Arango, consiguieron lo inexplicable
en el minuto 90 y 92. Bolivia, que dominó a placer la
primera mitad del encuentro, cortó todo intento venezolano
de la media cancha hacia arriba y dejó sin opciones a
los atacantes criollos Ruberth Morán y Daniel Noriega.
Los del altiplano mantuvieron solidez en todas sus líneas,
especialmente en la zaga.
En la segunda mitad, el técnico Richard Páez
refrescó la delantera e ingresó a Wilfredo Moreno
y a Alexander Rondón y cuando la vinotinto más
atacaba, Joaquín Botero puso arriba a los verdes
en una jugada de pelota quieta.
Jorge Rojas entró a jugar en lugar de Jonay Hernández
por la banda izquierda. Páez buscaba ofensiva y
sacrificó la marca, lo que aprovechó Bolivia
para colarse por ese sector por intermedio de Limberg
Méndez, quien ingresó en la segunda mitad.
El
implacable tiempo parecía decretar una derrota
criollo que no estaba en los papeles. Las gradas del
abarrotado estadio "Pachencho" Romero, enmudecidas
la mayor parte de la fase complementaria y de repente
comenzaron a darle ánimos al equipo que pareció
encontrarse en la canchas tras largos minutos de desaciertos.
En el minuto 90, Alexander Rondón ingresó
al área y fue trabado por tres defensas de
Bolivia. El principal Mauricio Reinoso prefirió
decretar tiro libre indirecto en vez de penalti.
Sin embargo, todo salió a pedir de boca. Jorge
Rojas cobró a su derecha y Rey le pegó
como nunca para empatar las acciones. Las tribunas
estallaron y los gritos parecieron darle fuerza
al equipo que inmediatamente despegó por la
banda derecha a través de Ricardo David Páez,
quien sirvió para Arango y el zurdo volvió
a hacer lo que mejor sabe: descargó un potente
disparo que decretó el triunfo criollo. Fue
entonces cuando entre la celebración y la alegría
la palabra "milagro" se convirtió en sinónimo
de victoria.
Bolivia tuvo una última oportunidad, pero
el reloj agotó su tránsito indetenible.
Entonces, Reinoso pitó tres veces y se consumó
lo inesperado: el segundo triunfo de la vinotinto
en cuatro partidos.