KELVY PIRELA
EL UNIVERSAL
Treinta y dos minutos fueron suficientes para que el seleccionado
de Argentina quebrantara con tres goles las ilusiones de 30
mil fanáticos que plenaron el estadio Olímpico para
ver lo mejor de Venezuela, pero que sin embargo debieron marcharse
sin más que un par de situaciones muy mal aprovechadas.
La lógica venció a la pasión. Un equipo de
Argentina con mayor calidad en lo individual, aunque sin deslumbrar,
aprovechó los baches que dejaron las salidas del lateral
izquierdo Jorge Rojas y la apática cobertura de los centrales
Rey y Alvarado, para hacer del corredor derecho una puerta
franca al gol.
La teoría del juego se cumplió a la inversa.
Fue Venezuela la que buscó el partido desde el inicio,
pero su atrevimiento fue aprovechado por los argentinos,
que fueron bien motorizados desde el medio por Pablo Aimar.
Fue él quien abrió el marcador cuando arrancó
desde el medio y abrió para César Delgado por
la derecha y tras un remate de ste, hizo gol un balón
que Angelucci había rechazado.
Otra vez Aimar dejó atrás a Rojas y centró
para Crespo, quien consiguió el 2-0. La diana definitiva
llegó nuevamente por la derecha: César Delgado
se apropió de un balón ante la indecisión
de los centrales venezolanos y pateó a la derecha
de Angelucci, quien rozó la pelota, pero no evitó
el gol.
En el resto del partido Argentina bajó las marcas
y dejó jugar a Venezuela con libertad. No obstante,
el equipo nacional falló un par de ocasiones de
gol, que hubieran sido justo premio a los fanáticos.
El técnico Richard Páez fue expulsado del
juego en el minuto 72 y dejó claro, con su actitud,
que no sólo el público necesita aprender
a perder.