Sammy Eppel
A COMIENZOS DE 1997, Chávez, que hasta ese momento había sostenido la tesis de la abstención electoral, se debatía entre dar otro golpe con los militares activos comprometidos con el castro-comunismo, a la final hemos constatado que habían muchos, o ponerse la camisa de fuerza que significaría medirse en una elección democrática manejada por las cúpulas podridas, tan podridas que cuando ganó lo proclamaron presidente. A los pocos días de ser elegido, le confió a Agustín Blanco Muñoz la siguiente perla 'y esos estúpidos de verdad van a entregar el poder'. Para algunos estuvo claro entonces y ahora para la gran mayoría, que Chávez no es un demócrata, que no cree en la separación de los poderes y que la Constitución y las instituciones por ella creadas son un estorbo que al no poder eliminar por razones de credibilidad política nacional e internacional simplemente optó por neutralizarlas como verdaderos entes de la expresión libertaria de un pueblo.
A Chávez le sabe a plasta de gallinero vertical el que millones de ciudadanos marchamos y firmamos las convocatorias a referenda de todo tipo, pues para él y para los que lo acompañan en este régimen de destrucción masiva, cualquier medición democrática resultaría en largas condenas de cárcel. Por lo tanto se aplica la tesis de Fidel, Hussein, Gadafi y demás dictadores, 'El poder no se entrega'. En el mejor de los casos, él sólo entregaría para cumplir con el trámite maquillador de un revocatorio en agosto del 2004. Ahora bien, eso sería lo máximo para el centauro de Sabaneta, pues sólo traten de imaginarse a Chávez con el poder total pero sin las limitaciones de ser legalmente presidente constitucional. Sería la degollina, veríamos la hoy escalofriante suma de trece mil asesinatos anuales duplicarse o triplicarse en una verdadera guerra civil.
Al respecto de esto último, voy a cometer una indiscreción y espero que los que confían en mí lo tomen como un acto de patriotismo que requiere una dosis de sacrificio. En noviembre pasado, en una reunión social, se encontraron por casualidad un grupo de venezolanos con el ex presidente Pastrana, éste contestó las angustiadas interrogantes diciendo que su gobierno siempre consideró la guerra interna como la primera opción de Chávez, pues le permitiría eliminar definitivamente a los que se le oponen, otros dignatarios extranjeros presentes, avalaron con su silencio la catastrófica opinión de quien durante los tres primeros años del régimen de Chávez fue su homólogo en el vecino país.
Queridos lectores, la patria está a punto de sucumbir entre las fauces corruptas de militares ineptos y de las neocúpulas podridas del MVR y el PPT. Chávez, al igual que Fidel, sólo estará satisfecho cuando se cumpla la premisa revolucionaria de 'Hambre y sangre'. ¡Será!
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