Sammy Eppel AL IGUAL QUE LOS CHAVISTAS congregados en La Campiña, que celebraron con vítores y fuegos artificiales cuando fueron notificados de la masacre que había ocurrido en plaza Altamira, Chávez y su entorno de desalmados machos, hembras y otros han estado celebrando las últimas tres semanas, pues el trabajo que se habrían propuesto hace cuatro años con el proyecto revolucionario se estaba cumpliendo más allá de sus sueños. Los empresarios cerrando sus fábricas y comercios, los profesionales y clase media marchando todos los días sin lograr nada, los trabajadores quedándose sin fuentes de ingreso, los jóvenes viendo desaparecer sus expectativas para un futuro próspero, los niños perplejos en su inocencia sin entender qué es odio y lucha de clases y la ciudadanía en general llenando planillas para un referendo que nunca será. Pero el dictador feliz, pues está presidiendo la destrucción de la patria de Bolívar para crear una nueva y 'bonita' a su imagen y semejanza, donde la miseria y la desesperanza despojarán a la sociedad de los diques de contención que significan los valores éticos, morales, familiares y religiosos para convertirnos en un país de esclavos al estilo castrocomunista. Y al igual que los regímenes comunistas de Europa del este, Rusia, China, Corea del Norte, etc., donde los jerarcas de la revolución vivían opulentamente mientras el pueblo se comía un cable ideológico, con la gran diferencia que aquí tenemos un chorro de petróleo que facilita mucho las cosas y por ende el gran logro del proyecto chavista-comunista ha sido el convertir a miles de fieles seguidores en multimillonarios en dólares del tío SAM. Pareciera una incongruencia pero según la lógica del comandante es simplemente un acto de justicia que quienes mataron civiles, policías y soldados, secuestraron personas y aviones, robaron bancos, infiltraron las Fuerzas Armadas y que encapuchados quemaron vehículos y lanzaron piedras en nombre de la revolución, tengan ahora la prerrogativa de disfrutar del botín que les pertenece, Venezuela.
Millones de venezolanos han tomado la increíble resolución de sacrificar sus empresas, empleos, familia, estudios y salud en una lucha desigual por liberarnos de la tiranía. Jamás pensé sentirme tan orgulloso de ser parte de este digno pueblo. Sin embargo, la nota amarga en esta batalla han sido los gobiernos y los pueblos latinoamericanos que prefieren estar al lado del que tiene el poder y el dinero. La Venezuela honesta que a pesar de las matanzas pide un cambio en democracia, está sola.
'Un pueblo es esclavo cuando el gobierno, por su esencia o por sus vicios, huella y usurpa los derechos del ciudadano'. (Simón Bolívar). ¡Será!
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