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Caracas, domingo 15 de septiembre, 2002  
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COJEDES / Un rico anecdotario caracteriza a esta región de encrucijada
Gente, cuentos y santos de Tinaco
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MANUEL ABRIZO

ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

En la voz de José Ignacio Vilorio Méndez, las calles y casas de Tinaco, a veces vacías y recalentadas por el solazo del mediodía llanero, se pueblan de personajes singulares que vuelven a respirar por la gracia del rico anecdotario que este tinaquero desgrana con simpatía. Con su voluminosa figura y su pelo blanco pasa frente a los antiguos y solemnes ventanales, desde cuyo interior parecen salir voces y miradas que no son de este tiempo, mientras que, frente a la iglesia, en la imaginación se combate furiosamente en medio de una gruesa plomazón. La batalla está salpicada de maldiciones, el relincho de los caballos y el griterío de los jinetes que integran la carga de la caballería con que el general Luis Loreto Lima pretende quebrar la resistencia de Juan Vicente Gómez. En otros rincones del pueblo se supone que hay gente rezando ante el Nazareno, o las efigies del Crucificado, el Jesús Atado a la Columna, el Santo Sepulcro.

Vilorio conduce hacia un viejo caserón, cerquita de la plaza Bolívar, donde Cipriano Castro se hospedó durante su visita a Tinaco en 1904. Por tres días en aquella casa hubo bailes y agasajos organizados por la crema y nata de la alta sociedad local en honor al ilustre huésped. Guillermo Barreto Méndez era el gobernador de la sección Cojedes que integraba para entonces el Estado Zamora.

La preciosa casa, con sus ocho cuartos, sus corredores internos, la vieja cocina, su techado rojo, los jardines, los baúles, muebles y objetos de la época, se mantiene intacta, como cuando el 'Cabito' la recorrió y disfrutó. 'Aquí durmió Castro', dice Vilorio mostrando el amplio cuarto.

La sangrienta batalla ocurrida frente a la iglesia de Tinaco tiene una importancia singular, desde el punto de vista histórico y militar: 'Fue la última carga de caballería ocurrida en Venezuela'.

El peso de Tinaco

Como referencia geográfica, Tinaco, distante una hora de Valencia, es y ha sido una encrucijada, un cruce de caminos, desde el cual el viajero se encuentra con esa vastedad de tierra que son los llanos venezolanos: hacia el sur, remontando las Galerías de El Pao, la carretera lleva a El Baúl, y pueblos y caseríos de Guárico, Barinas, Apure. Al oeste, a unos 15 minutos, se encuentra la capital de Cojedes, San Carlos, y más allá los territorios de Portuguesa, Barinas, Lara, la región de los Andes.

En Tinaco nació José Laurencio Silva, su hijo de mayor renombre, valiente soldado, general en jefe, héroe de la independencia, y muy cercano a Simón Bolívar, a tal punto que estuvo a su lado al momento de su muerte.

'Como Tinaco fue cuna de tantos escritores y poetas se le llamó la Atenas de Cojedes', dice Vilorio.

El Lampos Tinaquero, periódico fundado y dirigido durante 74 años por el maestro don Francisco María Aria, obtuvo el Premio Nacional de Periodismo de Provincia en el año 1964. En Tinaco nacieron Eloy Guillermo González, académico y gran tribuno; Sixto Tovar, secretario de la presidencia, durante 27 años, en el gobierno de Juan Vicente Gómez. Juan José Mérida, Francisco Alvarado, Mariano González, Pedro Villegas, Manuel Cidrian, quienes pelearon en la Guerra de Independencia. Los Barreto, ricos hacendados tinaqueros, financiaron con dinero y pertrechos, muchos de los alzamientos armados ocurrido en Venezuela durante el siglo XIX. Otra familia de raigambre son los Méndez, emparentados con los Figueredo.

En la casa de la señorita Amada Barreto Méndez se realizaban las grandes tertulias. A estas veladas, en las que se hablaba de literatura, se tocaba piano, y se recitaba, asistían figuras de la talla de Lisandro Alvarado, Arturo Michelena, Sebastián Echeverría, Ladislao Blanco, Lazo Martí, Miguel Angel Granado. Ninguna de estas celebridades puso los ojos en la distinguida señorita Barreto, a quien le decían la 'Niña Amada'.

Otro personaje ilustre y que hoy forma parte del patrimonio local fue Ramón Méndez Figueredo, hombre de notable inventiva. Figueredo, quien aprendió cinco idiomas, construyó los relojes para las principales catedrales de los pueblos llaneros, y fundió las campanas. También fue telegrafistas, y se carteaba con el gran inventor norteamericano Tomás Alva Edison.

Entre santos

Desde que el general Félix Barreto lo llevó al pueblo en 1858, la imagen del Nazareno de Tinaco se encuentra en la casa de la familia Sosa Marciano. Esta preciosa talla en madera de estilo barroco, hecha en Ecuador, es la figura religiosa que motiva la mayor devoción en el pueblo.

La imagen, ricamente adornada con un traje de terciopelo bordado en hilos dorados, forma parte de las singularidades de este pueblo cojedeño en el que las familias conservan en sus hogares una serie de figuras religiosas, de notable valor artístico, que han ido pasando de generación en generación. Con la familia Sosa Marciano también está el Crucificado. El Jesús Atado a la columna se encuentra en la casa de los Vilorio Méndez, mientras que la imagen del Jesús de la humildad y paciencia pertenece a los Amaro Flores.

Ligados íntimamente a esta devoción religiosa familiar se encuentran los imagineros y ceramistas que, como los maestros Rafael Vilorio Méndez (hermano del Viejo Vilorio) y Luis Ramón Figueredo Cidrian, han trazado caminos y escuela en el arte regional.

Luis Ramón Figueredo, ceramista, imaginero y restaurador de imágenes, habita en una casa poblada de figuras religiosas que él gustosamente muestra a quienes lo buscan en la calle Flores, cruce con la avenida Sucre. La casa pertenece a la familia Barreto.

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