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Caracas, jueves 15 de agosto, 2002  
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ANALISIS
El cambio de ser sólo una sospecha


Carlos Subero

CARLOS SUBERO

EL UNIVERSAL

La decisión del Tribunal Supremo anunciada ayer representa el golpe político institucional más trascendente que haya recibido el grupo dominante en sus más de tres años de control del poder.

El hecho judicial puede enmarcarse como otra consecuencia de una deliberada política oficial de encrispación de los ánimos, de provocaciones y reiteradas acciones que han llevado al desprendimiento de respaldos políticos e institucionales y, en fin, de las esenciales lealtades a la clase política aún dominante.

Esta derrota política para el presidente Chávez y su proyecto no le liquida pero le muestra más débil aún y en precariedad de poder vital para avanzar en su anhelado proyecto de implantación.

Todavía más por la forma en que Chávez ha declarado ante la inminencia de la decisión mayoritaria del Tribunal. Las clases políticas que logran implantar democráticamente son aquellas que crean instituciones cuyo comportamiento se percibe más allá del interés del grupo que las creó.

Las palabras de Chávez no asumieron sino ideas principistas y de que lo que cabría es su magnánimo perdón a los oficiales generales y almirantes envueltos en el caso judicial. Un perdón que no le estaban pidiendo ni estaba en la coyuntura de ofrecer.

Sin embargo, el asunto de los cuatro altos oficiales le deja a Chávez aún un margen considerable de manejo político en el ámbito castrense y nacional. Que se sepa, la decisión exime de un juicio pero no obliga a nada más comprometedor. De allí que no parece ser esa la causa de la amplia preocupación que se percibe en el sector gubernamental.

El origen de ésta es la evidencia pública y notoria de que está formada una mayoría en el TSJ capaz de tomar decisiones trascendentales en contra del interés político de la onda revolucionaria.

Se trata del tipo de preocupación que causó que el 5 de enero de este año un ex director de la Disip se presentara a la sesión de la Asamblea donde se planteaba la elección de una nueva directiva no afecta al oficialismo. El capitán Otaiza hablaba entonces de 'estado de sospecha' en la institución política parlamentaria.

La causa del aquel temor se hizo ayer realidad en otra institución política, el TSJ, donde están pendientes querellas específicas contra el mandatario nacional.

Esa es una vía concreta, legítima, pacífica y constitucional para un cambio político.




 

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