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Caracas, domingo 28 de julio, 2002  
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LARA / La capital del Municipio Jiménez es una tierra de alfareros
Quibor moldeado por el barro
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Este pueblo larense es conocido como la capital artesanal de Venezuela

MANUEL ABRIZO

ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

Los rasgos geográficos característicos de Quíbor, apuntados por el profesor Manuel Herrera, están definidos por una extensa aridez del suelo, un arropante calor atmosférico y una sequía permanente. Sin embargo, a pesar de la adversidad climática, del sofocante calor y de la dureza de los rayos del sol, en la región poca gente usa sombrero, aspecto que iría a contracorriente de lo que podría suponerse. Otra faceta llamativa es que Quíbor es una potencia agrícola, cuestión que luce un tanto fuera de lugar cuando se contemplan esos campos de los alrededores agrietados por la erosión, y cuyos habitantes visibles parecen ser las cabras, chivos, cardones y cujíes. El quiboreño se las ha ingeniado para represar el agua de lluvia, o sacarla debajo de la tierra.

Para rematar ese cuadro de asombro, en la región abundan los alfareros, y los artesanos. Quien dice Quíbor, dice cerámica. Trescientos años antes de Cristo, ya había gente en estas tierras dándole forma al barro. De hecho, una enorme vasija de tres patas, copia de la original de hechura precolombina, figura como uno de los símbolos de la ciudad y fue colocada en la redoma del mercado artesanal, ubicada en el cruce de vías que conduce a Cubiro, Sanare y El Tocuyo. Con respecto a la región, el profesor e historiador Manuel Herrera, autor de una excelente obra documentada sobre Quíbor, aclara una apreciación que incorrectamente se ha venido repitiendo desde que los conquistadores europeos (se dice que los alemanes) avistaron y pasaron por estas tierras en el siglo XVI; Quíbor no está en un valle, sino en una planicie.

Ciudad de veneración mariana (la patrona es la virgen de Altagracia) fue fundada en 1620 por el gobernador de la Provincia de Venezuela, Capitán Francisco de la Hoz Berrío, bajo el nombre de Pueblo de la Doctrina de Santa María de la Alta Gracia de Quíbor.

Al delinear el devenir posterior, Manuel Herrera afirma de su Quíbor natal: 'Este pueblo de indios encomendados, mandado por el cura doctrinero y un corregidor, sorteó con imaginación y creatividad las condiciones que una naturaleza dura le ofrecía. Los excelentes cultivos de maíz y trigo, así como también una variada producción artesanal con barro, arcilla, cardón, cocuiza y otras materias primas del medio le dieron vida en los siglos coloniales'.

Capital artesanal

En la Asociación de Artesanos del Municipio Jiménez, cuya capital es Quíbor, hay registrados más de 300 talleres de cerámica en los cuales se procesa la arcilla amarilla. A partir de este noble material se ha creado una rica variedad de motivos que ha hecho de Quíbor la capital artesanal de Venezuela. Entre las piezas más difundidas figuran las réplicas de motivos indígenas, casitas, móviles, fachadas, esquineras, jarrones, tinajas, vasijas, rosarios, platos, muñecos, placas, estatuillas y otros adornos.

Pero no sólo la cerámica, la cebolla, el pimentón, el pepino y el melón han cubierto de notoriedad a este municipio larense, cuna del general Florencio Jiménez, 'hijo esclarecido de Quíbor', quien brilló en las batallas de Boyacá, Ayacucho y Pantano de Vargas. Tintorero es famoso por la calidad y colorido de sus tejidos, entre los que destacan hamacas, tapices, cobijas, colchas. Otra faceta de la zona son las tallas de madera, principalmente de vera.

'En Quíbor la artesanía de la madera es muy antigua, sobre todo en el medio rural. Lugares como Guadalupe, Maraquita, Quebrada Grande y San Antonio, por ejemplo, tienen una larga historia de artesanos que tallan la vera, el curarí, el miguelito, el matatere. Es decir, madera trabajable para fabricar tasas y cucharas que utilizan en el hogar. Pero desde la década de los setenta este tipo de artesanía amplió las formas de producción cuando los tallistas descubrieron el rasgo comercial de figuras religiosas, históricas, y de especies animales, elaboradas sobre todo con la vera; también agregaron a esto la fabricación del juego de dominó, ceniceros, y otras piezas', señala el profesor Manuel Herrera.

Guadalupe, a doce kilómetros de Quíbor, se ha convertido en uno de los centros más visitados, sobre todo los fines de semana, por los turistas deseosos de algún recuerdo, o figura decorativa de madera. Las abundantes tallas son exhibidas en quioscos ubicados a un costado de la carretera.

Más que un pueblo, Guadalupe es una soleada aldea, de casas dispersas a lo largo de la carretera que lo comunica con Quíbor. En un paisaje dominado por cardones, las casas, rodeadas por una cerca de palos y tablas, transmiten una cierta sensación de soledad. Al mediodía, en el patio pelado, hay pocos indicios de presencia humana. En los alrededores, de cuando en cuando, se forman columnas de polvo, que van caminando y desprendiendo materia hasta disolverse: el espectáculo dura pocos segundos. 'Uno se acostumbra al calor y al ambiente', dice una mujer con tono de resignación, en una bodega del centro del pueblo.

Dos joyas

La capilla de la Ermita y el Museo Antropológico de Quíbor Francisco Tamayo ocupan lugares privilegiados dentro de lo que la ciudad ofrece al visitante.

La capilla de La Ermita es uno de los centros más viejos de la región centro occidental. En las instalaciones de esta bella estructura se guarda la imagen de la virgen de Altagracia. El cuadro de la virgen quiboreña fue pintado en 1605, presumiblemente por un artista de apellido Tovar.

El tercer viernes de enero de cada año la imagen es trasladada desde la capilla, ubicada al comienzo de la avenida Pedro León Torres, hasta el templo mayor. El pueblo, en una procesión masiva, carga a su patrona hacia la sede parroquial, en lo que los quiboreños llaman 'la subida'. El retorno, al concluir la festividad patronal, se conoce como 'la bajada'.

Por su parte el museo antropológico guarda y exhibe valiosas piezas que constituyen un rico testimonio del pasado precolombino de Venezuela y de Lara. Allí hay piezas cerámicas que datan de 300 años antes de Cristo.

La valiosa colección quiboreña fue hallada accidentalmente en 1965 cuando una cuadrilla de obreros que instalaba el sistema de cloacas en el centro de la ciudad se topó con restos humanos y cerámicos. La noticia se regó en toda Venezuela, y Quíbor comenzó a sonar en el mundo. Llegaron connotados antropólogos e iniciaron los estudios y las excavaciones. Esta zona, conocida como el Boulevar, fue utilizada como lugar funerario entre los siglos II y VII de la era cristiana. Después de una delicada y miniciosa tarea de excavación y clasificación se recuperaron restos óseos de más de 300 individuos, más de 400 restos de cerámica, y más de 400 objetos de concha de caracol.

Parte de estas piezas, y de otras halladas en el estado son mostradas con orgullo a quienes se acercan por estas tierras calientes de Lara.

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