Sammy Eppel EL PASADO JUEVES a las 9:30 am, cumpliendo con mi rol ad-honorem de fotografiar las marchas para la Red de Veedores, tomé una gráfica de mi querida prima Malvina, ella siempre con una gran sonrisa y con su franela amarilla de Primero Justicia, lejos estaba de pensar que en pocas horas su cara sería el blanco de una bala disparada desde la zona del puente de la Av. Urdaneta. Luego me tocaría tomarle otra foto en la sala de terapia intensiva con el rostro desfigurado, con la boca cosida y con tubos por todos lados. Los asesinos que quisieron acabar con su vida no contaron con la Providencia y con la pericia de los médicos. Malvina se salvó. Incontables amigos y conocidos hicieron votos por su pronta recuperación, sin embargo, los chavistas inmediatamente comenzaron a culpar a las más de 100 víctimas y excusar a los perpetradores con el viejo sistema de la solidaridad revolucionaria automática. El cinismo es tal, que no me sorprendería que en las investigaciones que supuestamente se adelantan, se concluya que los que disparaban lo hacían con balas de salva, que los que murieron se suicidaron y los heridos fallaron el intento de inmolarse. Mientras en Caracas, ocurría la masacre, en Margarita los simpatizantes de organizaciones terroristas del Medio Oriente que utilizan a la isla como aliviadero y descanso, celebraban con los círculos bolivarianos y con el propio gobernador. ¡Les quedó lindo!
Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano, le decía a sus seguidores que no se preocuparan tanto por controlar los sindicatos, que era más fácil penetrar la educación a nivel primario y medio, así en diez cortos años tendrían millones de obedientes seguidores. Esa lección fue bien aprendida por los fundamentalistas islámicos al fundar las 'Madrazas' o escuelas de mártires. En Cuba el lavado de cerebro a los niños es una vieja práctica, la cual se pretende emular en Venezuela. Y para muestra un botón: durante el paro del miércoles 10, la televisora del Estado pasaba un salón de clases casi vacío donde unos niños repetían cual loritos consignas incitando a otros menores a presionar a sus padres para romper el paro. Y hoy (domingo) mientras escribo este artículo, el ministro de Educación, a pesar de que el país está en caos, con saqueos y total inseguridad, exhorta a los padres a enviar a sus hijos incluyendo preescolar, a las escuelas porque todo está normal. La insensatez revolucionaria pareciera no tener límite, Chávez dijo que ojalá no tengamos que regar esta tierra con sangre joven, pues bien el ministro ha mejorado a su maestro, él está dispuesto pero con la sangre de infantes. Qué grande eres Aristóbulo. 'La salud de una república depende de la moral que por la educación adquieren los ciudadanos en su infancia' (Simón Bolívar). ¡Será!
sammyeppel@hotmail.com