AMALIA LLORCA
EL UNIVERSAL
Andrea Dopico correteaba alrededor de la piscina con la medalla que se ganó en los 25 metros pecho y no paró hasta que alcanzó a Marcus Tobía.
Cuando al fin la niña logró deternerlo alzó el premio que le colgaba al cuello y emocionada le dijo: '¡Marcus, mira mi medalla!' El la felicitó, le acarició la cabeza y ella respondió con su mejor sonrisa.
'Cuando llegó a la cima del Everest yo estuve pendiente de él. Vine al colegio a ver las películas. Mis papás son sus amigos y yo lo quiero mucho', contó emocionada Andrea, una niña de 10 años que estudia cuarto grado en el Colegio Humboldt y hace mucho deporte, tanto fuera como dentro de la institución.
Andrea no es una excepción. Tobía, quien tocó la montaña más alta del mundo el año pasado junto con sus compañeros de Proyecto Cumbre, tiene revolucionados a niños y jóvenes del plantel educativo, así como lo hizo con el país cuando en mayo de 2001 se montó en la punta del Everest.
Desde que se inició el año escolar, Marcus está encargado de las actividades deportivas extracurriculares del Humboldt, institución donde el montañista creció y de la que nunca se ha desvinculado.
La presencia de Marcus a tiempo completo en el colegio ha sido recibida como una bendición. 'Le ha dado un impulso enorme al deporte y estamos encantados con él', relataron entrenadores, representantes y profesores. Un maratón y la copa de natación Alexander von Humboldt, en la que participaron diez colegios, se convirtieron en sus puntas de lanza.
'Es muy bueno que los niños te quieran. A mí me encanta que me abracen, que me saluden', dice animado Tobía, después de recorrer la piscina, desde distintos ángulos, cerca de un centenar de veces.
Su resistencia de montañista lo pone a salvo del agotamiento y su fibra de deportista sale a flote cuando relata que además del atletismo y la natación tiene planificadas actividades en voleibol, baloncesto, fútbol, kárate y gimnasia.
Mientras habla de sus nuevos proyectos, los niños aflojan brazos y piernas antes de lanzarse al agua. Los del Instituto Cumbres Caracas usan un llamativo gorro con un Venezuela en mayúsculas, las niñas de la Academia Mérici visten un traje de baño vinotinto con rayas blancas, los del San Ignacio de Loyola se distinguen por la combinación de rojo y azul de sus atuendos.
En la piscina del Humboldt todos quieren ganar y todos son premiados por su esfuerzo. Los tres primeros nadadores de cada serie reciben una medalla apenas salen del agua.
Tobía, por su parte, recibe apoyo incondicional de su comunidad. Los estudiantes de bachillerato son los cronometristas, el director del colegio observó las competencias, la administradora le deseó buena suerte y Marco de Gryze, Juan Carrillo, Marcos Gutiérrez y Erwin Maier forman su equipo de trabajo para hacer grandes cosas.