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Caracas, jueves 11 de mayo, 2000  
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La crisis de empleo


Aurelio F. Concheso

La crisis de empleo que aqueja a la economía venezolana ha adquirido unos visos que no pueden calificarse sino de sistémicos. Si bien es cierto que el actual Gobierno ha contribuido a agravar el problema con la destrucción de unos 500.000 empleos durante el año 99 y, al parecer otros 200.000 en el primer trimestre del 2000, no es menos cierto que el problema se ha venido gestando durante toda la década de los años noventa.

Contrario a lo que nos quiere hacer creer la retórica 'revolucionaria', ni el desempleo abierto, ni ese que se esconde en las cifras de crecimiento de la economía informal son fenómenos propios de 'los cuarenta años de puntofijismo'. Durante las décadas de los sesenta y setenta, e inclusive durante buena parte de los años ochenta, el desempleo en Venezuela era relativamente bajo (en ocasiones inferior al 5%, lo que se considera como una situación cercana al pleno empleo). De igual manera, el fenómeno de la economía informal estaba relativamente contenido al abarcar a menos del 20% de la población económicamente activa.

En los últimos diez años, sin embargo, la economía informal ha crecido, al punto que hoy la mayoría de los venezolanos (55%) se encuentran laborando en ella, y el desempleo se acerca al 20% si es que ya no ha rebasado esa cifra. Estos dos fenómenos, informalidad y altas tasas de desempleo, tienen una multiplicidad de causas y lamentablemente no se van a resolver con las fórmulas tradicionales, esencialmente populistas, que aplican los gobiernos como programas de emergencia alimentados generosamente por el gasto público.

Uno de los detonantes de esta situación, que poco se comenta, es la Ley Orgánica del Trabajo aprobada en 1991. El bienintencionado intento de codificar todas las relaciones laborales mediante esa ley introdujo una rigidez en el empleo formal que mucho ha contribuido a la informalización de la economía y a la desaparición de sectores enteros de actividad económica como el de la marina mercante. Peor aún, esa codificación se produjo con la intención de garantizar 'conquistas' en atención a patrones tradicionales de empleo justo en el momento en que la economía mundial estaba en trance de cambios fundamentales.

A título de ejemplo, la industria automotriz a nivel mundial está cada vez más robotizada, por lo que la relación unidad de inversión por empleo industrial generado ha crecido. En el comercio el fenómeno de las megatiendas, los hipermercados y los grandes centros comerciales desplaza el empleo hacia estos centros a expensas de los comercios tradicionales.

Todas estas transformaciones requieren que exista un marco de relaciones laborales lo suficientemente flexible para permitir las reestructuraciones empresariales que se precisan para mantenerse competitivo. En ausencia de ese marco, la respuesta del mercado laboral es la informalización del mismo.

No es por accidente que los sectores más dinámicos en la deprimida y recesiva economía venezolana sean el de telecomunicaciones y las franquicias, sectores relativamente nuevos, que en un año como 1999 tuvieron crecimientos del orden de 20% y 40%, respectivamente. A esto hay que añadirle ahora el fenómeno de la 'nueva economía' o economía de Internet que ya está revolucionando los patrones de consumo y empleo en los países desarrollados y cuyos efectos se comienzan a sentir en nuestro país.

Dentro de este complejo cuadro dos verdades se evidencian: La primera es que sólo con niveles de inversión privada significativos, en exceso del 20% del PIB anual, podrá siquiera aspirarse a revertir la crisis sistémica de empleo. La segunda, es que no basta con esos niveles de inversión, ni es probable que los mismos se manifiesten, si no se produce un cambio profundo en las reglas laborales de la economía formal, flexibilizando las relaciones de tal forma que quienes hoy están marginados de ella puedan, por así decirlo, tener la oportunidad de 'reformalizarse'.

Cada año ingresan 400.000 jóvenes al mercado de trabajo, el peligro que se corre aplicando fórmulas del pasado y haciendo caso omiso a los cambios inevitables que se están produciendo, es que la mayoría de esos jóvenes sigan engrosando las ya abultadas filas de los desempleados.

aurelco@cantv.net




 

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