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Caracas, martes 25 de enero, 2000  
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En la zona sólo quedaron en pie el club y las residencias
Camurí Grande quedó desolado
EL ULTIMO censo refiere que allí habitan 235 familias. Algunos vecinos quitan los escombros de Playa Pantaleta

Gustavo Rodríguez

El Universal

Caracas.- Los vecinos de Camurí Grande aseguran que el deslave no pudo cobrar más de dos vidas porque el río les avisó el 15 de diciembre y en pleno día corrieron hacia los cerros.

Otros se resguardaron en el edificio Camurimar cuando las condiciones del tiempo les permitieron bajar. Recordaron que a las 6 de la mañana del jueves 16 el agua comenzó con la destrucción de decenas de viviendas. Ahora todo es desolación.

Con apoyo del Campamento Social Ayala, integrado por funcionarios del Ejército y de Defensa Civil los vecinos decidieron realizar una jornada para limpiar 'Playa Pantaleta', zona preferida fundamentalmente por los surfistas. Troncos, ramas y escombros comenzaron a ser recolectados y amontonados. Así evitan que la playa continúe contaminándose con toda clase de desechos que arrastró el río. Además procuran alejar la plaga. A un lado de la carretera el mar conformó una especie de laguna.

Funcionarios de defensa Civil de Guárico destacados en la zona estiman que allí aún habitan 235 familias quienes en los últimos días han decidido ocupar las viviendas que por diversos motivos se encuentran deshabitadas. Damián Moreno, integrante de Defensa Civil, informó que el campamento social le proporciona a los damnificados los insumos básicos como agua potable, alimentación y medicinas. El último censo realizado por las autoridades refiere que allí habitan 740 personas, entre niños, jóvenes y adultos.

Saqueos foráneos

Los lugareños aseguran que de Camurí Grande sólo quedan las residencias y el club. Este último se encuentra parcialmente sepultado. Las residencias Camurimar fueron saqueadas y los vecinos aseguran que los responsables fueron personas que llegaron desde Naiguatá. Un grupo de vigilantes privados fue contratado para resguardar los enseres que no pudieron llevarse los antisociales.

Ana Rojas recordó que a las seis de la mañana del fatídico jueves el río comenzó de nuevo a crecer y tuvieron que huir hasta el lugar seguro del edificio número seis. Allí permanecieron hasta las cuatro de la tarde. En los doce edificios inaugurados hace más de diez años no hay ningún propietario. Todos se marcharon días después de la tragedia. Algunos han regresado para recuperar sus bienes, sobre todo rejas y ventanas porque los electrodomésticos fueron robados.

En las fachadas algunos comerciantes ofrecen sus servicios. 'Hacemos viajes rapidito', refieren los avisos colocados con spray. La desolación en ocasiones es interrumpida por el ruido que producen las puertas. En la zona falleció un hombre de mediana edad de un infarto al ver que su propiedad desapareció bajo las aguas y una mujer pereció cuando manipulaba una bombona de gas.

Extrañan las máquinas

José Albornoz, vecino de Camurí Grande, dijo que desde el pasado lunes no observan una sola máquina trabajando en la zona. Señaló que funcionarios de diversos organismos se dedicaron a despejar los escombros y la arena que cubría la avenida, frente al núcleo de la Universidad Simón Bolívar y al club, pero al culminar los trabajos se marcharon. Los vecinos temen que en cualquier momento la zona pueda ser decretada camposanto y por ello evitan malgastar más recursos. 'Parecen cosas de Dios o del demonio porque esto que era tan especial ahora es un mar de piedras', afirmó José Pacheco. El río se extendió en unos cincuenta metros y aún mantiene un fuerte caudal. Los vehículos de doble tracción tienen problemas para cruzar. Funcionarios del Ejército realizan constantes patrullajes en la zona para mantener alejados a los antisociales. Mediante un puesto de control impiden que desconocidos penetren en la zona sin autorización. En los últimos días han acudido los damnificados para gestionar la mudanza de sus enseres. Están dispuestos a recuperar cualquier objeto y evitar perderlos todos. Desde el miércoles de la pasada semana no llueve.

Los propietarios de los apartamentos de Camurí Grande están decididos a no regresar definitivamente porque el torrente agrietó las paredes y carecen de energía eléctrica.

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- Incomunicado Anare

 

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