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Caracas, jueves 02 de septiembre, 1999  
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Guzmán Blanco y la codificación nacional ante el centenario


Héctor Grisanti Luciani

El 28 de julio, hace cien años, murió en París el general Antonio Guzmán Blanco. El, junto con el general Juan Vicente Gómez, son los únicos dos venezolanos que han gobernado el país por el mayor tiempo. No vamos a estudiarlo en su globalidad como gobernante, ya que lo han hecho Ramón Díaz Sánchez y R. A. Rondón Márquez, primordialmente. Hoy lo vamos a estudiar como codificador y su impronta en la Legislación Nacional.

A raíz del triunfo de la Revolución de Abril, el general Guzmán Blanco, mediante Decreto del 27 de abril de 1870, declaró 'desconocidas por la Revolución, las leyes, contratos, decretos, resoluciones y demás actos expedidos desde el 28 de junio de 1868', hasta el día en que se realizó la toma revolucionaria de la capital. El decreto revocatorio guzmancista tuvo un antecedente del mismo corte regresionista en lo que a nuestra legislación se refiere, puesto que al triunfar la Revolución Federal, en la que Guzmán fue partícipe de primer orden, también se echó por tierra, por medio de un decreto suicida así lo calificó el doctor Nicomedes Zuloaga que dictó el general Falcón el 8 de agosto de 1863, la gran mayoría de los códigos que surgieron durante la dictadura del General Páez, con excepción del Código de Comercio.

Con el Código Civil de 1862, calcado sobre el que redactó Andrés Bello para Chile, fue la única y sola vez que Venezuela rindió en esta forma a este gran jurisconsulto un condigno reconocimiento, pues, con posterioridad, se le sepultó en el campo jurídico, como amargamente expresó nuestro siempre recordado maestro, el doctor Lorenzo Herrera Mendoza.

Pasado algún tiempo, Guzmán Blanco, conforme a las atribuciones dictatoriales que le otorgo el Congreso de Plenipotenciarios que tuvo su sede en Valencia, dictó un decreto, en septiembre de 1872 posiblemente para enmendar el desastroso dispositivo de anulación de las leyes que dictó en abril de 1870 ordenando la creación de una Comisión General de Códigos. En ella nombró, entre otras personalidades, a alguno de los abogados más notables de la época, a saber: Diego Bautista Barrios, José Reyes, Ramón F. Feo, Manuel Cadenas Delgado, Cecilio Acosta y, además, personajes no integrantes del Foro, como Juan Pablo Rojas Paúl, Felipe Esteves e Isaac J. Pardo. A esa comisión pertenecieron después Luis Sanojo y Diego Bautista Urbaneja. (Nicomedes Zuloaga, Apuntaciones Históricas sobre la Legislación Venezolana) .

Los códigos preparados por la prenombrada comisión, fueron: el Código Civil, el de Comercio, el Penal obra del licenciado Cecilio Acosta el de Procedimiento Criminal y el de Procecimiento Civil. Entraron todos en vigencia el día 27 de abril de 1873. Ha de resaltarse que en el Código Civil de 1873 se incluyeron las normativas que meses antes había Guzmán Blanco dádoles vigor, es decir, las referentes a los registros civiles y el matrimonio civil, respectivamente, dando con ellas al traste con la legislación canónica existente a la sazón.

Es digno, además, de mencionarse el Código de Hacienda de 1873, del cual dijo el doctor René Lepervanche Parpacen que fue una 'obra digna de encomio y piedra angular de la legislación que nos ocupa', la cual, por lo demás, necesita de un estudio que la coloque en el sitial que se merece por su sistematización, novedad y complejidad normativa.

Guzmán Blanco no asumió una actitud contemplativa y de conformista en relación con el articulado que nuestros codificadores aprobaban; antes por el contrario, según noticia el licenciado Luis Sanojo en la introducción de su obra, Instituciones de Derecho Civil , 'el Código Civil fue obra de una comisión, nombrada por el Gobierno, la cual lo discutió en su mayor parte como el jefe de la nación, y éste, digámoslo al paso, cedió de sus opiniones en muchos puntos a las observaciones de la comisión, y las sostuvo en otros, consignándolas en el Código'. Y es que Guzmán Blanco, la misma impronta que en la Madre Patria dejó Alfonso X de Castilla, al uniformar las leyes de los territorios bajo su dominio y jurisdicción, y compilarlas en el Código de las Siete Partidas; y quizás, más determinantemente, sintió la influencia de Napoleón, quien designó a una comisión la más conspicua de la época para que formara un proyecto de Código Civil. El Código Civil Francés fue promulgado, así como también, posteriormente, los de Procedimiento Civil, de Comercio, de Instrucción Criminal y el Penal, y Napoleón intervino decididamente en sus discusiones. Según los tratadistas Mazeaud, su código maestro fue el civil, por lo que hizo exclamar al cautivo de Santa Elena: 'Mi verdadera gloria es no haber ganado cuarenta batallas. Waterloo borrará el recuerdo de tantas victorias. Lo que nada borrará, lo que vivirá eternamente es mi Código Civil'. Según manifiestan los prenombrados tratadistas, 'fue tal es estilo del Código, que Stenndhal afirmaba que lo tenía por modelo'.

En el ya largo camino de nuestra vida republicana, nuestros códigos recibieron el patrocinio del elemento castrense, pues, en todos aparecen estampados el 'ejecútese' de gobernantes con el título de general que han ejercico la Presidencia de la República y los pocos lapsos de regímenes civiles no presentan ostensiblemente ninguna innovación sustancial en nuestra legislación común.




 

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