Andrés Correa Guatarasma
El Universal
Caracas.- Cualquiera que la vea trabajando la confundirá, a primera lectura, con un cirujano: bisturí y estetoscopio en la mano, y mascarilla en el rostro, Marcelle Jayé se dispone a la tarea de la restauración mobiliaria, pues ha hecho de los muebles antiguos su especialidad, un oficio que está empeñada en dignificar y al que le dedica tanto tiempo o más que a su trabajo como artista plástico.
'Antes, cuando me veían auscultando insectos alojados dentro de un mueble, me llamaban payasa y pantallera. Afortunadamente el restaurador ha comenzado a ganar respeto en Venezuela, pero aun así pocos saben a fondo cuál es el trabajo que hacemos. Hace veinte años no éramos más de cinco y nos confundían con carpinteros', cuenta.
Una buena restauración, por metáfora, la asocia con una chequeo médico interno. 'De nada vale que te hagas una cirugía plástica si por dentro tienes cáncer. A veces un mueble antiguo puede verse bello, pero por dentro lleva dos años siendo atacado por insectos y un buen día te sientas y se rompe completamente', cuenta esta venezolana nacida en Roux-Charleroi (Bélgica). Así, para Marcelle Jayé el fin de la restauración de una pieza antigua no debe ser nunca la belleza, sino la conservación fiel que permita apreciar 'esos detalles de construcción que las obras de hoy no tienen porque son muy costosos'.
Experta en investigaciones sobre humedad relativa en Venezuela y sus efectos sobre las obras de madera, Jayé asegura que ésta se mantiene viva si hay una humedad relativa de 15%. 'Caracas es una ciudad muy húmeda, llena de comejenes. Por eso siempre hay trabajo para los restauradores y en la calle se ven tantos carteles ofreciendo el servicio. Eso me aterra, porque muchos se autocalifican de expertos y esto es tan complejo que yo cada día siento que sé menos. El Instituto de Patrimonio Cultural está formando jóvenes restauradores, pero aun así la experiencia es fundamental'.
Villa Niza
Después de cuatro décadas en Venezuela, Marcelle Jayé se marcha para atender compromisos laborales apetitosos y despertar sus necesidades creativas. Pero promete no desligarse de Caracas, para fortuna de quienes valoran su servicio: ha atendido a tantas familias como para asegurar que en Venezuela las colecciones privadas de muebles antiguos son mucho más valiosas que las públicas. Sin timidez, comenta que 'sólo debe poseer muebles antiguos quien tenga la cultura para valorarlos, con paciencia y pasión, porque su conservación da mucho trabajo. Ni siquiera en los museos venezolanos hay cultura de conservación mobiliaria'.
Interesada en contrarrestar tanta improvisación que abunda en el terreno de la restauración, antes de mudarse a Florida Jayé dictará un curso de cuatro sesiones sabatinas a partir de mañana en Villa Niza, donde los alumnos podrán practicar la técnica en un dormitorio que perteneció al más refinado de los presidentes que ha tenido Venezuela, Antonio Guzmán Blanco. Jayé atesoró esas piezas en los últimos veinte años.
Además, la experta ofrecerá una charla gratuita sobre restauración y conservación el próximo miércoles 9 de junio a las 7:00 pm, también en Villa Niza, frente a la capilla de La Campiña. Esta casa, aún en remodelación, promete ser un anticuario y una pequeña galería, pero por encima de todo un punto de reunión para los desasistidos amantes de las leyendas e historias que las antigüedades están ansiosas de relatar a quien quiera oírlas.
Ver también: