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Caracas, miércoles 24 de marzo, 1999  
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'Lucha de clases'


Paulina Gamus

Estamos viviendo una revolución, así lo ha afirmado en repetidas oportunidades el jefe del Estado. Nada puede ser igual que antes y nada lo será. Para eso son todas las revoluciones y eso es lo que persiguen y consiguen. Conste que no estamos afirmando que lo nuevo sea mejor, simplemente es distinto. Por lo general la historia lineal, la que se cuenta como cuento, presenta todas las revoluciones desde la Francesa de 1789 hasta la bolchevique de 1917, la nuestra de octubre de 1945 y la cubana de 1959, como el levantamiento de pobres contra ricos en búsqueda de la justicia social. Lo que Marx y sus seguidores han llamado lucha de clases. El presidente Chávez no podía escapar de esta atractiva simplificación, son tantos los pobres en nuestro país que se les debe reivindicar aunque sea con discursos y con uno que otro gesto oficial que les permita creerse los protagonistas de los cambios y sus beneficiarios. Pero no ha sido Chávez el único que en estos cuarenta años puntofijistas ha echado mano de la lucha de clases para justificar desmanes, conductas anárquicas, situaciones de caos. Aún resuenan las palabras de Carlos Andrés Pérez en tanto que presidente recién vestido y con muy alta votación, explicando los sucesos del 27 y 28 de febrero de 1989 como una guerra o un levantamiento de pobres contra ricos.

Me tocó, como presidenta de la Comisión de Política Interior de la Cámara de Diputados, presidir también la Comisión Especial que investigó esos trágicos sucesos. Recibimos a familiares de las víctimas, a defensores de los derechos humanos, a testigos de los hechos, a comerciantes cuyos negocios habían sido saqueados, supimos de denuncias contra funcionarios policiales y militares señalados como autores de los crímenes. No encontramos a un solo rico entre víctimas ni victimarios. Eran pobres los muertos y heridos y no eran ricos los saqueados ni los policías y soldados que reprimieron y mataron. Fueron innumerables los casos de venezolanos de muy modesta condición, habitantes de ranchos o cuasiranchos en barriadas populares, despojados de sus pertenencias por vecinos o por habitantes de otros barrios y de ranchos tan pobres como los suyos. La licuadora, el televisor o el radio que se llevaron no los hizo más ricos pero sí aumentó la pobreza de los saqueados. Al final de esos días que cambiaron la historia de Venezuela, que hirieron de muerte la ilusión democrática, los pobres fueron más pobres. En estos últimos días un país hermano, Ecuador, ha sufrido circunstancias similares a las vividas por los caraqueños en febrero del 89 aunque sin los muertos y heridos que produjo nuestro sacudón. La prensa informa de numerosos ecuatorianos solicitando visas para ir a Estados Unidos y a otros países. ¿Serán pobres? ¿Algún país les otorga visas a los pobres? No sólo no lo hace sino cuando llegan como ilegales, los deporta.

Creer o aparentar que se cree que una actitud complaciente, paternal, caritativa con los invasores de tierras agrícolas, de terrenos urbanos, de casas o apartamentos es un acto de justicia social, es cometer un grave error que a su vez provoca una pobreza mayor. Las fincas en producción dejan de producir, esto genera escasez de alimentos y lo escaso es caro, evidentemente en tiempos de escasez los únicos que comen completo son los ricos. Quienes pensaban invertir, ya no lo hacen. ¿Se empobrecen por eso? Claro que no, pero se hacen más pobres los desempleados a quienes se les cierran las fuentes de trabajo. Si los invadidos, productores o constructores, tenían créditos bancarios dejarán de pagarlos y se declararán en quiebra, puede que se vuelvan menos ricos y hasta que se arruinen, pero también quiebran los bancos que nada pueden hacer con inmuebles o terrenos ocupados. ¿Se empobrecen los banqueros? No, y eso lo vimos cuando la crisis bancaria del 94: los infartados, desesperados, desvalidos eran los depositantes, en su gran mayoría gente de modestos recursos que de un día para otro se volvió realmente pobre. ¿Tiene el gobierno de los pobres algún plan, proyecto o recursos para que los invasores de fincas se conviertan en productores y los de terrenos urbanos construyan casas? Hasta ahora, por lo visto, se trata de pasar de un rancho a otro hasta que el país entero sea eso, un gran rancho.




 

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