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Caracas, miércoles 10 de febrero, 1999  
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Chávez y Fidel


Emeterio Gómez

Julio Brillembourg B.

El deseo de ayudar a los más pobres está en lo más recóndito del alma humana. Y allí, en la tarima, están los dos, muy cerca el uno del otro, fundidos casi en una sola persona. Como si hubiesen asumidoo a dúo la presidencia de la República. Con la multitud drelirante aplaudiéndolos por igual. Uno de ellos tiene 40 largos años, tratando de sacar a su pueblo de la miseria y lo único que ha conseguido es sumirlo en el atraso. Pasarlo del tercero al cuarto mundo. El otro, a juzgar por esos primeros discursos incendiarios, corre el riesgo de repetir la historia. Tal vez en unos años descubra en la causa de la riqueza de las naciones, la única forma de sacar a la gente de la pobreza.

Hugo Chávez, ante el Congreso, ha dado una contundente demostración una más de cómo le duele la miseria de nuestro pueblo. A todos, o al menos a muchos otros, nos duele tanto como a él. El problema es encontrar el camino para superarla: Nada, absolutamente nada, ganamos, Comandante, como amar al prójimo 'más que a nosotros mismos' frase suya también si no hemos logrado descifrar el enigma de la riqueza, de la producción masiva de bienes y servicios. Fidel no lo logró, y ahora, con 40 años de retraso, lenta y torpemente, apenas empieza a transitar en la dirección correcta: la apertura de la isla a los mercados internacionales.

A la Iglesia cristiana la llevó 15 siglos, Comandante, 1.500 interminables años, para encontrar la solución, para descifrar el enigma. A la Iglesia católica 2.000 y quien sabe cuántos más. Lutero en el siglo XVI, abrió Europa del Norte y America del Norte a la producción masiva de bienes y servicios. Porque el Mayflower llegó a Massachusetts en el siglo XVII, pero trajo consigo el maravilloso germen generadaor de riqueza que se había incubado en el formidable siglo XVI europeo, un viris jánico bella palabra de Chávez Frías con una cara mirando al valor de cambio y la otra apuntándole a la libertad individual, al desarrollo infinito de la creatividad humana.

A la Iglesia cristiana, decíamos, le llevó 15 siglos descubrir la causa de la riqueza de las naciones. Y a la Católica 20. Porque Juan Paablo II todavía sataniza a placer al neoliberalismo salvaje. Igual que Hugo Chávez. Sin que ninguno de los dos con todo el profundo y sincero respeto que nos merecen tenga una idea muy clara acerca de lo que está diciendo.

'Salvaje' era, Comandante, la pobreza de la grandes masas urbanas antes de la revolución industrial. 'Salvaje', el derecho de pernada, la peste y la miseria durante la Edad Media. 'Salvaje' es que las grandes masas empobrecidas del norte de Africa, aferrados sus países a las formas precapitalistas de producción, huyan hacia Europa para recibir todo tipo de humillaciones, para ser apaleados y asesinados a cambio de mendrugos. 'Salvaje, que los mejicanos arriesguen permanentemente la vida para ir a limpiar baños en los Estados Unidos, cuna del neoliberalismo salvaje. Algo más triste todavía que el limpiar tumbas de nuestros niños al que usted tanto alude, señor.

Y no se refugie, por favor, en la ilusión de creer que el capitalismo que se intenta implantar en Latinoamérica puede ser catalogado de 'salvaje', en tanto que el de los países desarrollados no. Ningún capitalismo nace humanitario, ni hay economías de mercado humanistas, señor. Todas las economías prósperas nacieron 'salvajes', compete a los hombres humanizarlas. Cuando la productividad y los excedentes así lo permiten. El discurso profundamente solidario de Clinton ante el Congreso, hace poco, hubiera carecido de sentido si la productividad de la economía norteamericana no se hubiese relanzado a crecer en los últimos 20 años.

Dos son las causas de la riqueza de las naciones, dos las caras de Jano, dos los mecanismos que Fidel, tras 40 años de fracaso, ha empezado a comprender y en cuya incomprensión coinciden plenamente Chávez y Juan Pablo II: a) poner la primacía en la producción de valor de cambio, y no en la de valores de uso; y b) poner la primacía en la libertad del individuo y no en la supeditación de éste al colectivo. La Iglesia Católica lleva 2.000 años tratando de resolver el enigma de la pobreza, sin llegar a comprenderlo del todo. Incomprensión de la cual América Latina y España hasta hace 20 años eran magníficos exponentes. Ojalá que a nuestro presidente le lleve tan sólo 20 meses comprender.

Cuesta entenderlo, pero ¡hay que entenderlo! Comandante. Porque de ello depende la superación de la pobreza, el nivel de vida de nuestra gente, el que no tengan que ir al Norte a limpiar baños...o tumbas. Cuesta entenderlo, pero mientras la sociedad estuvo aferrada al valor de uso, es decir a la producción directamente relacionada con la satisfacción de las necesidades, esto es, hasta aproximadamente el siglo XVII, también en el mundo anglosajón, la pobreza fue el rasgo dominante. Cuando ellos se decidieron a producir valor de cambio, su riqueza empezó a crecer masivamente. De su discurso en el Congreso, Presidente, emana el intenso aroma del más exquisito valor de uso.

En la otra cara de Jano está la libertad individual, la libre iniciativa, la creatividad desbordada de la que es capaz el ser humano en una economía de mercado. La fuerza productiva fundamental del capitalismo salvaje no es la tecnología, ni la innovación, ni la producción de conocimiento. Todo eso ses requiere y es muy valioso, pero todo eso tiene su fundamento en la libertad y en la responsabilidad individuales. En la terrible cinsigna que el Comité Central del Partido Comunista chino ha diseñado para el próximo siglo: ¡háganse ricos! Exactamente la contraria de lo que parece haber sido el emblema de la Iglesia Católica a lo largo de 2.000 años. ¡háganse pobres!




 

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