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Caracas, sábado 05 de septiembre, 1998  
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Perspectiva
Acciones concretas, sí Constituyente, no


Eduardo Fernández

Hay un vacío de poder y de liderazgo en Venezuela. El Gobierno no toma decisiones. Y los candidatos tampoco proponen una agenda de soluciones ni un proyecto de país. Aquí lo que se impone son acciones concretas para resolver los graves problemas que tenemos en lo económico y fiscal, en lo social, y en lo político: los venezolanos queremos empleo y necesitamos educación; los venezolanos queremos que se frene la inflación, se impulse el crecimiento económico, y que se asuma con honestidad el manejo del Estado.

El problema es que ahora resulta que la panacea, la solución que algunos ven como milagrosa, la nueva 'partida de nacimiento' para el país, es nada menos y nada más que la Constituyente. Veintiséis constituciones ha tenido Venezuela, y ¿han solucionado algo?

Frente a la amenaza que representa la candidatura del ex comandante no quedan sino dos posiciones: o enfrentarlo o sumarse a él. No hay espacio para las actitudes intermedias. Ahora bien, la tesis central de Chávez es la Constituyente. Hasta el punto de que hoy por hoy, la Constituyente es una especie de seudónimo de Chávez. Decir Constituyente es decir Chávez y viceversa.

Algunos académicos pretenden una discusión elevada acerca de los contenidos de una nueva Constitución. Esta discusión no le interesa en lo más mínimo a Chávez, por una razón muy sencilla: para él la Constituyente no es un órgano que redacta un texto constitucional. Es un instrumento de gobierno. Es el elemento que le permite dar por liquidado todo el orden constituido y sustituirlo por un nuevo orden hecho a su imagen y semejanza.

Si algo tenemos que reconocerle al ex comandante y a sus más inmediatos colaboradores es la claridad con la que nos están anunciando sus propósitos. El que se quiera engañar es porque quiere engañarse y no porque el chavismo no haya hablado con absoluta claridad y transparencia.

Una consulta al país acerca de la Constituyente, aparte de resultar absolutamente inconveniente, innecesaria e imprudente, se convertiría automáticamente en un referéndum acerca de Chávez. No tengamos ninguna duda al respecto. Sólo unos pocos podrían distinguir entre la Constituyente 'bien intencionada que proponen los buenos' y la otra... Votar por la Constituyente es votar por Chávez. Tan claro como eso. Y además es votar por una Constituyente con plenos poderes para que el señor haga todo lo que quiere hacer y que además lo ha venido anunciando con encomiable transparencia.

No hay Constituyente limitada. La Constituyente por definición acumula en sus manos todo el poder que se requiere para sustituir a todo el poder constituido y para reemplazarlo por un nuevo orden constitucional.

Una de las pocas cosas buenas que los venezolanos de este tiempo no hemos logrado arruinar es la Constitución de 1961. Es curioso que en este momento se pretenda promover un gran consenso nacional para acabar con uno de los pocos órganos sanos que le quedan al sistema democrático venezolano. Volvemos a los tiempos del nominalismo, tan presente a lo largo de toda nuestra historia, cuando se pensaba: 'cambiemos la Constitución y todo lo demás se nos dará por añadidura...'. Eso ha sido una mentira. Así hemos tenido ya 26 constituciones a lo largo de nuestra historia y estamos buscando la Constitución número 27. Mientras tanto, los Estados Unidos de América han tenido solamente una Constitución a lo largo de 200 años de historia y esa Constitución la han venido modernizando a través de las enmiendas constitucionales, que perfectamente podría ser el método empleado por nosotros para actualizar y modernizar nuestro texto constitucional.

Venezuela tiene el raro privilegio de ser la nación que ha tenido más constituciones a lo largo de su historia. Por lo visto, no escarmentamos. Queremos seguir engañando a la gente y engañándonos nosotros mismos con el cuento de que una nueva Constitución es lo que nos va a resolver los gravísimos problemas que estamos confrontando. Esto simplemente es mentira y con mentiras no vamos a salir de la crisis. La Constituyente no es la solución, y, lo que es peor, sería un nuevo engaño para los venezolanos. Cada cinco años se elige un gobierno, y al cabo de poco tiempo hay una gran frustración nacional.

Vamos a llamar al pan, pan y al vino, vino. Chávez quiere un revolcón y no lo oculta. Al contrario, lo proclama y junto con él lo hacen con igual claridad voceros calificados de su movimiento. Para producir ese revolcón requiere de plenos poderes, es decir necesita la dictadura y la dictadura se recubre de un ropaje elegantísimo a través de la Constituyente. Por eso mantengo y voy a mantener una recia, radical e insobornable oposición a sus propuestas, comenzando por la más importante de ellas, que es precisamente la de la Constituyente.

Para modernizar y actualizar la Constitución tenemos los caminos clarísimos que la propia Constitución propone. Lo demás es jugar, consciente o inconscientemente, el papel de tontos útiles del comandante.

Acciones concretas

¿Y quién ha dicho que nuestros problemas son constitucionales? Todos sabemos que el modelo está agotado y que la gente está cansada de los políticos y de la política. Se han cometido errores graves en el manejo del Estado y es evidente que se impone una rectificación y un cambio en la manera de hacer política. Necesitamos una estrategia de país.

No se dan cuenta que en los barrios, en las urbanizaciones y en los pueblos lo que se siente es hambre, lo que hay es desempleo, lo que se vive es una gran inseguridad, y una gran indignación por la corrupción. No se dan cuenta que empresarios e inversionistas, nacionales y extranjeros, se sienten cada vez más inseguros y desconfiados mientras más se fomenta un lenguaje irresponsable del radicalismo infantil que no hace otra cosa que estimular la desconfianza.

¿Qué pasará durante esos meses mientras se produce todo el proceso de la Constituyente? Sin duda se producirá un clima de inestabilidad, que paralizará la actividad económica, disminuirá las fuentes de empleo, aumentará el gasto fiscal y aumentará la inflación... Esos meses confusos, más bien, tendremos más desempleo, más desconfianza y más pobreza.

Debemos decirle la verdad al país, por impopular que sea. Debemos decir que las soluciones son duras, que todos tenemos que hacer sacrificios, que hay que rediseñar el rol del Estado, que tenemos que tomar medidas fiscales muy fuertes y bajar los gastos; que tenemos que estimular las inversiones nacionales e internacionales para que tengamos más empleo y más posibilidades de educación para nuestra gente... Eso es lo que hay que hacer. Son acciones concretas, no constituyentes lo que reclama Venezuela.

E-mail: eduardo@eduardo.org


 

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