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Caracas, miércoles 11 de febrero, 1998  
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Habitantes de barrios populares sufren las penas de una modalidad prohibida
Reclutaron a la fuerza a 30 jóvenes en parada del Municipio Baruta


Blanca Elena Pantin

El Universal

Caracas.- El lunes, a las 7:00 de la noche, cuando el pueblo de Baruta estaba 'trancado' por los cuatro costados, justo cuando la gente trata de llegar a sus casas después de un endemoniado día de trabajo, la Policía Metropolitana se apostó en una de las 'paradas' de las líneas de camioneticas, 'jeeps', autobusetas y autobuses que convergen en la cogestionada calle principal del pueblo, para aplicar un operativo de 'revisión de documentos militares', un eufemismo de la odiosa recluta, procedimiento prohibido en el Estado Miranda, según reiteradas declaraciones (y aclaraciones) del Enrique Mendoza, gobernador del estado.

A más de una treintena de jóvenes de los barrios marginales de Baruta le fueron retenidas sus cédulas de identidad y llevados al 'Casino', una de las celdas de la Prefectura del pueblo. Poco pudieron hacer los familiares de los detenidos salvo montar guardia a las puertas de la prefectura y tratar de hablar con la prefecta, Ramona Pérez de Blanco, quien nunca los recibió. También fueron inútiles los intentos de dialogar con la presidenta de la Junta Parroquial, Genoveva Cisneros, según declaró Luis Salas, director de Teatro de la Casa de la Cultura de Baruta, quien denunció que dos de los actores miembros de la compañía Generación 2.000, Rubén Rauseo y César Aponte, fueron detenidos en el operativo. Ayer, a primeras horas de la mañana, la angustia de los familiares aumentó cuando vieron llegar el autobús que se llevaría a los detenidos al Cuartel de Conscriptos Pan de Azúcar, ubicado en Los Teques (El Tambor). Adentro, Alonso Romero, secretario permanente de la Junta de Conscripción Municipal con las cédulas de los detenidos en su poder, se encargaba de revisar la lista de los jóvenes. Ante la insistencia de El Universal de tomar el nombre de todos y cada uno de los jóvenes registrados en la misma, Romero accedió a entregar después una copia del listado: 'Suponemos no hay nada malo en ello si se trata como sostiene de un operativo legal', acotamos.

_Esto no es un operativo de recluta como usted piensa. Simplemente se trata de verificar y revisar los documentos militares.

_¿Qué documentos debe tener en su cartera un joven para no ser llevado a los cuarteles de conscripción?, preguntamos al funcionario.

Su respuesta nos hizo imaginar una cartera de dimensiones gigantescas: 'Acta de matrimonio si es casado; carnet de estudiante universitario si es estudiante, tarjeta de conscripción militar y de diferimiento, constancia de que pertenece a algún organismo oficial (¡sic!) y la cédula.

Nada parecía conmover a los encargados de llevar hasta el final la recluta. Una mujer con tres niños menores de cuatro años lloraba desconsolada, imaginando la suerte de su compañero: 'El es el único sostén de la familia... un hombre trabajador, lo agarraron anoche cuando regresaba del trabajo, no sé que vamos a hacer ahora, nadie me da razón de él', dijo refiríendose a Henry Antonio Monroy Monroy.

_Dígame una cosa, Sr. Romero: ¿Los sostenes de familia no están exceptuados del servicio militar según la ley? Ese parece ser el caso de Monroy Monroy, acotamos cuando el funcionario exponía al atribulado padre de familia las bondades y beneficios del servicio militar: '¿Tú sabes lo que es defender a la Patria, trabajar por el país...?

Aunque al final Monroy Monroy tuvo suerte, no ocurrió lo mismo con el resto de los detenidos.

_¿Y la lista?, preguntamos.

_¿Cual lista?, respondió Romero.

_La copia de la lista de los detenidos que prometió darme.

_No puedo dársela sin autorización de la prefecta.

_Si no me la da, quiere decir que ocultan algo.

_No ocultamos nada.

_Entonces démela.

_No puedo. Vamos a hablar con la secretaria de la prefecta.

_Necesito que me comunique con la prefecta (a la Secretaria). Tendrá algún celular donde llamarla, supongo.

_No puedo. Dime una cosa (Dinorah Vallenilla, la secretaria de la prefecta, a Romero): 'A ella ¿cómo la dejaron pasar?'

_Pasé sola, soy periodista.

_¿Ella tiene algún familiar entre los que se llevan?

_No tengo ningún familiar. Estoy aquí porque soy periodista. Comuníqueme con la prefecta.

_¿Quién se cree ella? (la secretaria a Romero).




 

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