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| Caracas, miércoles 28 de enero, 1998 | |||||||||||
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La fluctuación de los mercados Aurelio F. Concheso Bernard Baruch, un hombre poco conocido en estas latitudes, fue un genio financiero poco común que logró amasar una cuantiosa fortuna con sus inversiones en la Bolsa de Valores de Nueva York en plena Depresión Mundial entre 1928 y 1933. En momentos en que un número no despreciable de sus pares se lanzaban desde las ventanas de sus oficinas hacia Wall Street ante las perspectivas de ruina económica. Baruch logró navegar exitosamente la tormenta de precios de títulos valores en caída libre. Su éxito lo convirtió en una suerte de consejero permanente de los presidentes norteamericanos desde Franklin Delano Roosevelt en adelante. Aunque inmensamente rico, era un hombre sencillo que gustaba de sentarse en el Parque Lafayette (frente a la Casa Blanca) donde frecuentemente era entrevistado por los periodistas. Un día se le acercó un joven con aspiraciones de convertirse en especulador financiero y le dijo: 'Señor Baruch, soy un gran admirador suyo y deseo emularlo, por favor oriénteme, dígame qué cree que va a hacer el mercado accionario'. El viejo asesor se acercó al joven para contestarle y le dijo: 'jovencito yo le voy a decir exactamente qué es lo que va a hacer el mercado, ¡el mercado va a fluctuar! En verdad la admonición de Baruch es una que deberían tomar en cuenta no sólo las autoridades, sino también un número de comentaristas que en las últimas semanas han venido opinando sobre el giro que en el mercado han tomado no sólo el precio del petróleo sino el valor de nuestra divisa y de las acciones en la Bolsa de Valores de Caracas. En materia de precios del petróleo sorprende que sorprenda a alguien que éstos en un momento bajen debido a la confluencia de un número de factores que coyunturalmente se conjugan, como sin duda volverán a subir en el momento en que esos factores se reviertan. Lo importante en este caso, claro está, (y lo que pretenden ignorar quienes quisieran darle una connotación apocalíptica a esta baja coyuntural) son dos cosas: primero, leer de manera adecuada la tendencia a mediano plazo de los precios del petróleo, y segundo entender que resulta contradictorio haber simultáneamente emprendido un agresivo programa de incremento del volumen de producción y lamentarse porque los precios se mantengan en un nivel que desestimula competidores menos eficientes que nuestro país. En materia cambiaria el objetivo pareciera ser el mantener a los agentes económicos lo más confundidos posible para lograr que actúen de una forma lo suficientemente errática como para abonar la intranquilidad. En todas partes salvo en Venezuela, los Bancos Centrales exhiben la mayor discreción en sus manifestaciones públicas y aspiran a que sus declaraciones orienten a los inversionistas (salvo, claro está, cuando tienen algo que esconder). Lamentablemente, luego de casi dos años del funcionamiento de un sistema de bandas cambiarias poca gente entiende cómo funciona, ni qué significa 'el centro de la banda'. Tampoco saben que esa cifra central teórica se ha venido revaluando cada vez que se ajusta semestralmente, debido a las fuerzas del mercado movidas por fuertes ingresos de divisas, sin que haya habido un esfuerzo didáctico por parte del BCV que intente explicarle en lenguaje sencillo a la gente cómo funciona el sistema cambiario. Lo que sí ha habido es gran confusión generada, entre otras cosas porque un director del BCV se empeña en declarar permanentemente, muchas veces en abierta contradicción a lo que declara el propio presidente del Banco. La consecuencia directa es que los agentes concluyen que tanta torpeza no puede ser fortuita y suponiendo lo peor actúan, haciendo que el mercado fluctúe en forma errática. Finalmente, la Bolsa se ha visto afectada fuertemente por la crisis de Asia; los inversionistas que han sufrido pérdidas en sus carteras de inversiones allá, las cubren vendiendo sus posiciones acá y la BVC es de las más afectadas pues fue la Bolsa Latinoamericana que más se apreció en 1997. Hay quienes ven en estas fluctuaciones una justificación para abogar por una economía más 'nuestra' (léase proteccionista) y menos expuesta a los vaivenes de las fluctuaciones de los mercados internacionales, tanto de precios para nuestros productos como financieros. Hacerles caso sería un craso error, pues lo cierto es que no hay forma de eludir los mercados globales y más bien lo que se impone es aprender a reaccionar con pericia a los retos que ellos imponen. La crisis asiática está demostrando que nadie, ni siquiera las economías más poderosas están en capacidad de aislarse de los 'shocks' externos que transmite la globalización y que por otra parte aquellos que han diversificado sus economías para distribuir los riesgos tampoco tienen garantizada la estabilidad. Lo cierto es que no hay otra alternativa que aprender a vivir con las fluctuaciones del mercado, sin creer por una parte que las bonanzas son eternas o que las bajas transitorias el fin del mundo. Hoy más que nunca se impone establecer mecanismos de estabilización institucionalmente neutros (como el tantas veces pospuesto Fondo de Estabilización Macroeconómico) que permita atenuar las fluctuaciones de los mercados sin darles la espalda. Fax (02) 578.1864 E-Mail 73070.2753@Compuserve.Com |
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