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¿Qué régimen cambiario conviene a Venezuela?


Alexander Guerrero E.

Los economistas, ante la problemática que plantea el régimen cambiario en una economía abierta con flujos de capitales, respondemos con el planteamiento básico que deriva de la teoría económica diseñado para sistemas económicos previamente en situación de reposo o equilibrio. Esos conceptos sitúan la discusión en el teorema de la paridad de poder de compra, según el cual la tasa de cambio estaría determinada por precios relativos entre la economía local y el "resto del mundo".

Tasa de cambio nominal y/o real

Es importante acotar que, sin mayores diferenciales entre precios internos y externos, la tasa de cambio se determina en otro mercado: (c)cf158(r)el de activos financieros sostenidos por los flujos de capitales desde y hacia el mercado local, lo cual induce un régimen cambiario flexible que registre los vaivenes del mercado. En el largo plazo, ambos causales convergerían en el concepto de paridad, convirtiéndolo en una abstracción teórica y sólo una referencia para la política monetaria. Esos conceptos pueden erróneamente conllevar a confusiones en política cambiaria llegándose a establecer falsos objetivos cambiarios, devaluando continuamente bajo una regla cambiaria ad hoc, que termina secuestrando la política monetaria, trastocando objetivos de liquidez.

La cuestión de la paridad

Las desviaciones, representadas por amplios diferenciales entre precios y tasas de interés son descontadas en el mercado a través de ajustes anticipados en la tasa de cambio, o en los tipos de interés o en los precios internos o por una "combinación" de ajustes entre esos precios relativos. La magnitud de esos ajustes viene definida por el grado de miopía (e información) existente en cada mercado. En estas condiciones, esos descuentos anulan la eficiencia a la política monetaria. Por ello e intuitivamente y sin sacrificar la teoría ni el reflejo anticipado de la formación de expectativas, es indispensable definir las causas de los actuales desequilibrios, fenoménicamente representados por amplios diferenciales con los precios externos. Si los diferenciales convergen, es decir, la relación de precios internos y externos se estabiliza, el contenido informativo de la tasa de cambio tiende a pronunciar más los efectos de corto plazo inducidos por los flujos de capitales en economías financieramente globales.

Conservadurismo monetario

El sistema tiene una fuerza interna que tiende a estabilizarlo y ella proviene de la balanza de pagos. En nuestro caso ello es demasiado evidente. De allí que las desviaciones entre la tasa nominal y la "tasa real" -equilibrio- y que tiende a simplificarse como de sobrevaluación del bolívar, pudieran más bien acotar un proceso intrínseco de desaceleración inflacionaria, cuando no existe un desequilibrio (cuasi) fiscal que eventualmente se monetizase. De hecho, el mercado cambiario ha descontado los costos ocultos de las reformas estructurales porque implican endeudamientos y probables contingencias fiscales futuras, las cuales, eventualmente pudieran disparar el efecto cambiario para ingresos fiscales; es decir, financiar a través de la inflación.

Este es un factor político importante por las señales que pudieran darse. Si la reforma social no se enfrenta y con ello el fisco no define claramente los mecanismos de financiamiento de la deuda implícita en el régimen de pensiones, el mercado cambiario descontará anticipadamente el impacto inflacionario y contractivo que tendría una reforma social financiada con títulos públicos de corto plazo. Si por el contrario, las señales son de reorganizar las finanzas públicas, creando un mercado de títulos públicos de largo plazo ajustados por inflación, este estabilizador antiinflacionario suavizaría los movimientos cambiarios en el mediano y largo plazo. Estaríamos apostando a una larga estabilidad cambiaria.

Lo ocurrido en los últimos años es importante evaluarlo. A la par de las dificultades fiscales, el tradicional "conservadurismo monetario" del BCV se fue minando, y con ello su independencia; de allí al debilitamiento de su imagen y la preferencia por las últimas administraciones de financiar el fisco devaluando, lo cual ha sido el mayor signo de debilidad institucional del BCV en esos años. El resto es historia: acumulación de enormes costos financieros, pérdidas, deterioro patrimonial, esquemas monetarios heterodoxos incapaces de dar viabilidad y eficiencia a la política monetaria; pérdida de autonomía e independencia.

¿Cuál régimen cambiario?

La característica estructural de la balanza de pagos del país petrolero con economía pequeña y afluencia de capitales permite un campo de maniobra para establecer en transición un régimen cambiario que reconduzca por el conservadurismo para sanear el marco institucional sobre el cual se desarrolla la política monetaria. Así, se aislaría totalmente de cualquier contingencia (cuasi) fiscal del mecanismo de expansión de la oferta monetaria. Las señales serían de innegable calidad: el BCV no se prestaría a coadyuvar facilidades fiscales, tal como quedó implícito en las maxidevaluaciones de noviembre de 1995 y abril de 1996.

Una reforma monetaria permitiría enajenar al BCV de emitir pasivos no monetarios (TEMs) fijando la paridad del bolívar a un entorno institucional donde el mercado de divisas se centraliza en el BCV, con una mayor oferta de divisas en el mercado cambiario. Así se consolidaría un mecanismo cambiario de transición con tasa fija en el entendido de que el BCV centralizaría, como ahora, la administración del mercado cambiario. Si por el contrario, el marco institucional descentraliza el mercado de divisas -reservas internacionales- ello convertiría al BCV en agente "marginal", pero con la capacidad de intervenir y afectar con ello la paridad cambiaria en función de objetivos predeterminados por el proceso de estabilización de precios. En estas condiciones, la tasa de cambio fluctuaría en un punto de equilibrio sujeto a un esquema monetario que impida cualquier perturbación inflacionaria. En este esquema las bandas serían los parámetros que dominarían el riesgo en el mercado.

La caja de conversión

Estaríamos frente a dos probables esquemas cambiarios dependientes del entorno monetario institucional que enmarque el mercado de reservas internacionales. En ambas alternativas es importante que los tenedores finales de la liquidez monetaria dispongan indefectiblemente de liquidez en divisas o en bolívares, definiendo esto último de manera más eficiente las tasas de interés, garantizando con ello un mercado financiero -y monetario- no reprimido que remunere el ahorro con precios estables.

En este entorno, las cuentas en dólares permitirían al BCV actuar en función del proceso en sustitución de ambas monedas estableciendo un mecanismo más neutral para controlar los volúmenes de liquidez, tal como ocurre en casi todas las economías pequeñas y abiertas. El mecanismo crearía condiciones para el establecimiento de un centro financiero internacional en un país que parece condenado a grandes ingresos de capitales.

El círculo cerraría con la implementación de la caja de conversión para garantizar que en el mercado sólo tendría la cantidad de bolívares necesarios. El abatimiento de la inflación sería inmediato. Sólo restaría evaluar políticamente la voluntad para abatir la inflación por parte de instituciones importantes, sean estos partidos políticos, grupos de intereses específicos, CTV, Fedecámaras, Fedeagro, sindicatos diversos, lobistas internacionales y nacionales, intereses financieros internacionales, multilaterales, etc. Todo ello por supuesto son secundarios ante una voluntad política mostrada por el Gobierno y los partidos políticos. Una buena oportunidad para estos últimos, para recuperar mucho del prestigio perdido en los últimos años.

Correo electrónico: alex102@telcel.net.ve




 

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