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Caracas, viernes 03 de enero, 1997  
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Brotes monárquicos en el siglo XIX


Pedro París Montesinos

S

E necesita estar loco para pensar en establecer una monarquía en las nacientes naciones libertadas por Bolívar, San Martín, O'Higgins, precisamente cuando el sistema republicano estaba en su apogeo y las sociedades de origen hispano vivían la emoción contagiosa de la Revolución americana y la Revolución francesa. Sin embargo, asegurada la independencia de la Nueva Granada y del Perú, apareció el morbo de la anarquía que hizo casi ingobernables a las incipientes repúblicas, las cuales conservaron, no obstante el sistema republicano.

Desde mediados de la d

cada de los 20 y comienzo de los 30 (ambos años del siglo XIX) afloró con cierto entusiasmo en Ecuador un movimiento monárquico cuyo principal inspirador fue el general Juan Jos

Flores, ganado por convicción para la idea de instaurar un r

gimen monárquico en las nuevas naciones. El biógrafo de Flores, señor Mark Van Aken, en su libro 'El rey de la noche', dice que en la región existía gran atractivo por las formas monárquicas y reconoce que en los propios Estados Unidos hubo quienes creyeron en la superioridad del sistema monárquico, aunque la idea nunca contó con numerosos adherentes.

Ganada la independencia, Brasil y M

xico tuvieron gobiernos monárquicos, siendo el de Brasil el más exitoso, pues le dio estabilidad y unidad a esa nación. En M

xico, a pesar del fracaso de Iturbide, reincidieron con Maximiliano y Carlota, a mediados de 1860; pero antes, en 1840, el general Mariano Paredes había concebido un proyecto monárquico puesto en evidencia por el historiador español Javier Delgado.

En Argentina, Mariano Moreno y Bernardino Rivadavia, alentaron el monarquismo y Juan Bautista Alberdi, en 1860, escribió un libro: 'La monarquía como mejor forma de gobierno en Suram

rica', respuesta a la crisis política Argentina de la d

cada del 50 (Siglo XIX).

La verdad es que desde 1810, el r

gimen republicano estaba en la cresta de la ola y no era fácil convencer al pueblo de regresar al sistema colonial, cuyo derrocamiento había costado tantas vidas. Así, las ideas monárquicas sólo se propalaban a sotto voce por muy impopulares. El general San Martín, ferviente partidario de la monarquía para Argentina y Perú, sondeó en Europa la posibilidad de conseguir un Príncipe para implantarlo en Lima, aun cuando don Ricardo Rojas exonera a San Martín de abrigar veleidades monárquicas.

Salvador de Madariaga antibolivariano por excelencia no dejó de teñir de monarquismo al Libertador y sostiene que Bolívar 'animó a personas de su confianza a entablar conversaciones con diplomáticos europeos', con intención de 'crear un trono suramericano, aunque al final, el Libertador se decidió por un gobierno monocrático y no monárquico'.

De lo que sí no hay duda es sobre la convicción monárquica del general Flores. El autoritarismo militar pensó en una fórmula intermedia: el 'Presidente Perpetuo' propuesto en Guatemala por el general Carrera quien hasta dispuso un orden dinástico con su esposa y su hijo como heredero. Desde Ecuador se promovieron tanteos en España, sin xito alguno. El monarquismo fue relegado 'al plano de rumor y el chisme' (Van Aken). Pero García Moreno, en 1861, dejó huellas claras de sus intenciones monárquicas en carta a un diplomático franc

s, publicada en Perú para desacreditar al estadista ecuatoriano.

En correspondencia de algunos diplomáticos españoles dirigidas a su gobierno, se da cuenta de que el general Flores presentó una propuesta a España para imponer la monarquía, no sólo en Ecuador sino tambi

n en Perú y Bolivia. Según Van Aken, se dispone de las fuentes históricas usuales: documentos gubernamentales, periódicos oficiales e independientes, panfletos, hojas sueltas y correspondencia particular. Sin embargo, los documentos privados de Flores no 'proveen información de importancia crucial', sobre la cuestión y esto 'explica por qu

Luis Robelino Dávila y Gustavo Vázconez Hurtado, no afirman claramente que Flores estuviera involucrado en planes monárquicos'.

Cuando Flores escribió a Bolívar para manifestarle su apoyo a la Constitución de Bolivia, 'insinuaba que la forma de gobierno propuesta era un paso positivo en el camino hacia la monarquía' (Memorias de O'leary, tomo IV, página 6-8).

Bolívar jamás se comprometió con la idea de una monarquía o una dictadura desde 1825 hasta su muerte, aun cuando Van Aken dice que 'los documentos indican claramente que el Libertador analizó con diplomáticos extranjeros la posibilidad de establecer una monarquía en tierras americanas y tambi

n lo hizo con estadistas hispanoamericanos y oficiales de su confianza. En sus conversaciones y correspondencias, dice Van Aken, presentaba su propia actitud en t

rminos algo ambiguos, pero esto no impedía que los demás vieran la posibilidad de adoptar la monarquía'.

Entre quienes le atribuyen a Bolívar ideas monárquicas se cuentan Carlos A. Villanueva y Salvador Madariaga; y en la trinchera opuesta, se ubican historiadores como Víctor Andr

s Belaunde (peruano), Vicente Lecuna, Caracciolo Parra P

rez y J.L. Salcedo Bastardo.

Flores no escondió nunca sus ideas monárquicas y le refería a Bolívar en sus cartas, publicaciones de la prensa brasileña en las cuales se encomiaba la grandeza de Bolívar y comentaban 'que Colombia no será libre e independiente si no se erige en ella una monarquía constitucional'. Como puede verse, el general Flores no cejó en alagar a Bolívar acerca de la monarquía. Su propensión lo condujo a proponer al 'vicepresidente de M

xico, Nicolás Bravo, crear un gran imperio hispanoamericano, bajo el cetro de Bolívar'.

El Libertador, que siempre estuvo en sintonía con el sentimiento popular, no se dejó deslumbrar por los halagos de sus fieles amigos, pero a quienes consideraba equivocados en asunto tan delicado. Era el caso del general Flores.




 

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